Día 2/01/09
Hoy finaliza la estancia del grupo NSA de nuestro amigo Victor. Después del desayuno nos despedimos de ellos y con un hasta pronto, emprendemos nuestra última ruta del viaje por los alrededores de Ouzina.
Tomamos rumbo hacia el estrecho de Maharch, donde vamos a visitar unos pozos de agua que vamos a arreglar con la ayuda de AxA (Amigos por África). Gracias a su colaboración, construiremos el brocal de dos pozos que en la actualidad abastecen a varias familias y se encuentran en bastante mal estado.
La ruta, tiene que cruzar el oued Reherís, que también ha estado fluyendo por las recientes lluvias. Para cruzarlo con seguridad, vamos en busca de un paso que nos han indicado siendo el que ofrece mas garantías de paso. Efectivamente el paso es coser y cantar, un pequeño vadeo de dos palmos de agua y ya estamos en la otra orilla. Tras tomar unas imágenes del lugar seguimos hacia el estrecho, donde nos aguardan nuestros amigos de Maharch.
La entrada al estrecho, es preciosa. Se realiza entre dos paredes de roca, salpicadas por numerosas palmeras y con firme arenoso. Tomamos varias instantáneas en marcha, sin detener los 4x4 para no tener que arrancar cuesta arriba en la arena y sufrir algún atasco. Llegamos al corazón del estrecho, donde está un básico albergue de la familia que habita el lugar. Tras los efusivos saludos, entramos a tomar un té y unos cacahuetes recién tostados. Como no podía ser de otra forma, nos reciben al ritmo de los tambores, pero en este caso, acompañados por un curioso instrumento, mezcla de guitarra y violín, fabricado con una lata de aceite. Es increíble el sonido que emite tal artilugio y lo bien que armoniza con los tambores.
Tras deleitarnos con el variado repertorio, voy a tomar las fotos del primer pozo y acto seguido emprendemos el camino hacia el 2º pozo situado en medio de una llanura junto al oued, donde habita una familia nómada. Al llegar al lugar, nos salen a recibir los niños, para los cuales les hemos llevado algo de ropa, material escolar y un balón de fútbol, nunca se sabe si de estos lugares puede surgir alguna estrella del balompié y quizás se acuerde de nosotros…Una vez tomadas las fotos del pozo y realizados unos pases con el balón, seguimos nuestra ruta que nos conduce a unos de los rincones mas bonitos de la zona.
Se trata de un lugar en que se entremezcla la arena con la montaña y con una inmensa extensión de terreno llano frente a nuestros ojos. Para acceder a lo alto de la montaña, hay que superar la arenosa ladera e ir adquiriendo altura hasta llegar casi a la cresta. Una vez en lo alto, la vista se pierde en el horizonte con un contraste de colores y relieves para ser contemplados durante horas. Por muchas fotos que se tomen de tan bonito lugar y lo digo por experiencia, jamás llegan a reflejar la verdadera dimensión que ofrece la realidad.
Es hora de comer, por lo que nos dirigimos a un peculiar albergue cercano, donde siempre que vamos por la zona paramos a saludar. Uno de los atractivos del sitio es leer las numerosas inscripciones y pegatinas de recuerdo que se van dejando en sus paredes. Sacamos nuestra comida de los coches y pedimos unas ensaladas y Kalia junto con la bebida. Hoy los comentarios giran sobre la inmensidad del paisaje visitado. De nuevo reemprendemos la marcha, para ir regresando a Ouzina, pasando por una zona distinta y así no repetir recorrido. Dado que algunos de los coches, van algo escasos de combustible, paramos a repostar unos pocos litros para al día siguiente partir con garantías.
Llegamos al hotel y en las caras se va apreciando ya la tristeza por tener que abandonar el lugar al día siguiente. Menos mal que los amigos de Córdoba con su alegría innata, nos hacen reír y pensar en un futuro viaje.
Para la cena de despedida de Ouzina, preparamos una última sorpresa, consistente en una gran “paella” de arroz, cuyos ingredientes también vinieron de España en el congelador. Para completar la cena, preparamos un Tagine, en este caso de ternera, que estaba excelente.
La sobremesa, la tertulia y nadie parece tener ganas de acostarse. Charlamos, recordamos muchas de las experiencias vividas, y me exclamo ¡¡pero el viaje aún no ha finalizado!!. Nos queda una etapa por el Erg Chebbi y sus alrededores, aunque la respuesta es unánime, el sabor a lo auténtico se quedará atrás, en Ouzina.