Día 1/01/09
Amanece el primer día del año de forma resplandeciente, las nubes que nos remojaron el día anterior se han disuelto dejando paso a un sol radiante. Las dunas, debido a la lluvia caída, están en un estado óptimo para moverse por ellas sin mucha dificultad. Tras desayunar a una hora prudencial, nos disponemos a abordar las compactas dunas en dirección a Isdahi, un pequeño pueblo vecino. Desde allí tomamos la pista que nos conducirá a visitar unos gravados rupestres que se encuentran dibujados sobre las rocas desde tiempos inmemoriales. En ellos, podemos observar la fauna que había en aquella época en estos parajes.
Vista esta curiosidad, tomamos rumo a una mina cercana, de donde se extraen múltiples minerales ornamentales, fósiles, piedras volcánicas y curiosas formaciones calcáreas. Con un farol de carburo, nos invitan a entrar a la mina. En su interior, la temperatura es elevada al igual que la humedad y observamos como y de donde extraen esas piedras que luego nos venden por los pueblos y mercados. Vistas las condiciones de trabajo, nos hace recapacitar sobre el regateo para arrancar un euro del precio de los minerales. Aunque dicho sea de paso el regateo es el deporte nacional…
Salimos de la mina un tanto deslumbrados por el cambio de luminosidad y tras adquirir algunas piedras vamos a buscar un buen lugar para el Picnic del 1er día del año. Vislumbramos una enorme acacia espinosa, que ofrece una buena sombra y hacia allí vamos. Montamos la mesa de campaña y como todos los días, compartimos la comida de unos y de otros.
Ya por la tarde y aprovechando el estado de la arena, vamos a intentar ascender a lo alto de la duna mas alta de Ouzina. En condiciones normales, es necesaria mucha “caballería” para superar la larga y arenosa pendiente, pero suponemos que será algo mas fácil. Al primer intento, no parece estar tan fácil, media vuelta y a tomar mas impulso. Segundo intento y llegamos a la cima. Desde lo alto, el resto de coches parecen hormigas. Se van sucediendo los intentos, hasta conseguir llegar 3 coches arriba, el resto prefiere ver el paisaje desde abajo. No saben lo que se han perdido, desde lo alto de la duna al atardecer, las vistas son sencillamente impresionantes. Tomamos un buen número de fotos y a descender se ha dicho. Lo hacemos tranquilamente disfrutando del rojizo entorno que nos envuelve.Ya de nuevo en Kasbah Ouzina, nos aguarda el té y la tertulia diaria comentando los distintos momentos y experiencias. Después de una reparadora ducha caliente y para cenar, tenemos preparadas una montaña de apetitosas, brochetas de cordero (pinchos morunos) y unas humeantes fuentes de patatas fritas. Con la excusa de que no se enfríen, las devoramos sin perder tiempo alguno.
Por la noche y en plena sobremesa, alguien irrumpe en el comedor, anunciando haber visto a un rey mago transitando por las dunas, ¡sobre un dromedario! ¿Será esto posible? se preguntan los niños, saliendo en desbandada hacia el exterior.
Todos se quedan mirando hacia la oscuridad de la noche, sin ver nada extraño. ¿Habrá sido una broma? Se empiezan a preguntar… De repente y a lo lejos, se puede ver una diminuta luz, que no se llega a adivinar bien de que se trata.
Lentamente parece acercarse. ¿Será el rey mago?... murmuran los niños. Tras unos minutos de tensa espera, se hace visible la enorme silueta de un dromedario con alguien que pregunta con acento extraño: ¿Hacia donde está España?. Efectivamente era un Rey Mago, que con su paje y una diminuta antorcha, se habían despistado un poco de su camino hacia España. Se acercó hasta nosotros y agradecido por indicarle el camino, repartió una buena cantidad de caramelos entre todos los que le ayudaron.
En esta ocasión tubo suerte de encontrarse con nosotros, que le reorientamos, aunque hubo quien le apuntó la necesidad de pedirle a uno de sus colegas un GPS, para transitar de noche por las dunas…